"Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños.”
Khalil Gibran -
poeta, pintor, novelista y ensayista libanés ( 1883 - 1931 )

domingo, 13 de noviembre de 2016

Mburucuyá - entrelazando ciencia, fé y leyenda

"El gran libro siempre abierto y que tenemos que hacer un esfuerzo para leer, es el de la naturaleza y los otros libros se toman a partir de él, y en ellos se encuentran los errores y malas interpretaciones de los hombres."
Antonio Gaudí - arquitecto español

Identificada por el nombre científico de Passiflora, el indígena de Mburucuyá, o Burucuyá o el común de Flor de la Pasión o Pasionaria conocemos ésta planta trepadora, de hojas perennes, con propiedades sedantes, atractiva desde el punto de vista ornamental, de la que existen más de 400 variedades, que se extiende por todos los países de Sudamérica, llegando hasta Estados Unidos, cultivada en Australia, adaptada a diferentes climas, que ha logrado reunir sobre sí a través de la historia varias leyendas, cada una con diferentes significados.

Una de esas historia -la menos difundida- cuenta de: 'un sacerdote español llegado para evangelizar a tierras americanas que un dia cruzando la selva oyó los lamentos de una niña trepada a un árbol tratando de escapar de un yaguareté que amenaza alcanzarla, por lo que el misionero sin dudarlo atrajo la atención del animal sobre él haciendo que la niña huyera y que la bestia lo destrozara en su lugar. En la tierra regada de sangre creció una bella planta, el mburucuyá como símbolo del sufrimiento y sacrificio en favor de los demás.'
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El segundo de los relatos: 'asocia las características de la flor con la simbología cristiana de la Pasión de Jesús, en la base de la flor se encuentran diez tépalos (pétalos y sépalos) rojos indicando la sangre de Cristo y representando a los apóstoles presentes en la crucifixión (Judas y Pedro no estuvieron presentes). Arriba de los tépalos se encuentra un círculo de muchos filamentos de la corona, que son apéndices que parecen pétalos tubulares y que son 72, tantos como fueron las espinas en la corona que le pusieron a Cristo.
Al borde del círculo se ve una columna que replica la Columna de Flagelación y encima de ésta, 5 anteras como las 5 heridas y 3 estigmas o pistilos como los 3 clavos de la cruz. Hasta se consideran las manchas que presenta el envés de las hojas como las monedas que Judas recibió por su traición, y en los frutos rojos las gotas de sangre coagulada de Jesús, haciendo gala de una increíble imaginación y fé.'
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La tercera, más extensa y poética es: 'la leyenda indígena que relata el amor contrariado, prohibido, entre una joven y bonita española llegada al Nuevo Mundo con su padre un capitán español, y un aborigen guaraní nativo de éstas tierras que le daba el tierno apodo de Mburucuya, amor secreto, ya que el padre tenía decidido un destino diferente para su hija a quien deseaba casar con un capitán español.

Cuando la joven conoció los planes del padre lloró implorando que no la obligaran pero su padre decidió que quedara confinada en su casa hasta la boda, por lo que sólo podía ver a su amado desde la ventana enviando a su criada a informarle lo sucedido.
El joven indio se acercaba todas las noches vigilando el lugar e intentando verla, hasta que al llegar el nuevo sol triste se retiraba tocando antes una melodía en su flauta, que alegraba a Mburucuyá aunque no podía verlo, hasta que una mañana dejó de oir los sones de la flauta y a pesar de que siguió esperando imaginaba que podía haber sido herido en la selva o atacado por alguna fiera.

La tristeza se instaló en la joven perdió el color sus ojos dejaron de brillar sus labios ya no sonrieron, pero siguió esperando hasta que un día vió entre los matorrales a una vieja india que era la madre del enamorado la que acercándose a la ventana le contó que su hijo había sido muerto por el capitán al enterarse de su amor oculto.
Mburucuyá escapó por la ventana, siguió a la anciana hasta donde se encontraba su amado, cavó una fosa con sus propias manos y colocó allí el cuerpo, decidiendo terminar con su vida ya que nada la ataba a éste mundo. Pidió a la anciana que una vez terminara cubriera sus cuerpos con tierra y los dejara descansar juntos en paz. Tomó un flecha y la clavó en su pecho. La anciana observó sorprendida que de las plumas de la flecha crecía una flor que brotaba del corazón de Mburucuyá. 

Tiempo después en la tierra con que fue cubierta la tumba apareció una planta que no conocían anteriormente, con flores hermosas que se cerraban en la noche  como si se marchitaran y se abrían cada dia renaciendo con los rayos de sol.'
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Varias historias entrelazadas, ciencia, fé y leyendas sobre una sofisticada y hermosa planta con propiedades medicinales, que es industrializada, con cuyos frutos podemos hacer mermelada o tomar como jugo, con una delicada flor cuyos colores en las diferentes variedades van del blanco al rojizo o del bordó al azul, y que nos lleva en un viaje a través de la historia por las formas de vida, peculiaridades y creencias de los pueblos originarios y la presencia de los españoles llegados con la instalada, avasallante y controvertida conquista por éstas tierras americanas.


"Las leyendas crean a veces la realidad y resultan más útiles que los hechos."
Salman Rushdie - escritor y ensayista británico nacido en India, contemporáneo

1 comentario:

  1. Que reconfortante es encontrar éstas leyendas que reflejan el sentir y creer entre ingenuo y mágico de quienes de alguna manera nos antecedieron en épocas donde convivian con un entorno donde estaba presente lo trágico de la vida. Un saludo Irene.

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