"Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños.”
Khalil Gibran -
poeta, pintor, novelista y ensayista libanés ( 1883 - 1931 )

lunes, 23 de mayo de 2016

'Charco de Lodo' - aprendiendo de los niños

"Un niño puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea."
Paulo Coelho - escritor brasileño contemporáneo

Muchas veces los niños, libres de prejuicios e inhibiciones,  con la mente abierta, el corazón limpio y su bendita inocencia, nos sorprenden con sus actitudes, modos de hacer, en ocasiones sacándonos de nuestros límites, haciéndonos perder la paciencia, pretendiendo corregirles, y cuando eso nos sucede tenemos que detenernos a pensar si son ellos o somos nosotros los que estamos en  el lugar equivocado.

El cuento que les comparto ‘Charco de Lodo’, que encontramos en ‘El libro de los cuentos’ es un ejemplo de ello:



Cuando veo dientes de león, veo hierba dañina invadiendo mi patio. Mis hijos ven flores para la madre y soplan la pelusa blanca pensando en un deseo.

Cuando veo un mendigo que me sonríe, veo a una persona sucia que probablemente quiere que le de dinero y eso me pone molesto. Mis hijos ven a alguien que les sonríe y ellos responden con otra sonrisa.

Cuando oigo una música, me gusta. Pero no sé cantar y no tengo ritmo; entonces me siento y escucho. Mis hijos sienten el ritmo y bailan. Cantan y si no saben la letra, crean la suya propia.

Cuando siento un fuerte viento en mi rostro, me esfuerzo contra el. Lo siento despeinándome y empujándome para atrás cuando voy caminando. Mi hijos cierran sus ojos y abren sus brazos y vuelan con él, hasta que caen riendo en el suelo.

Cuando rezo, digo tú y nosotros, y concédeme esto y dame aquello. Mis hijos dicen, ¡Hola Dios!, te doy las gracias por mis juguetes y mis amigos. Por favor, manten lejos los malos sueños hoy por la noche. Yo todavía no quiero ir al cielo. ¡Sentiría la falta de mi padre y de mi madre!.

Cuando veo un charco de lodo lo rodeo. Veo zapatos enlodados y tapetes sucios. Mis hijos se sientan en el. Ven represas para construir, ríos para cruzar y bichos para jugar.

Yo solo quisiera saber, ... Si los hijos nos fueron dados para enseñarles o para aprender de ellos...
… …

Los cuentos Zen nos invitan a la reflexión ayudando a ver la vida y las circunstancias que vivimos desde una perspectiva diferente proporcionando la luz necesaria para iluminarnos ante situaciones en las que el apoyo que clarifique ideas es importante. Actúan en nosotros como ancianos conocedores de la música del corazón del mundo desde tiempos inmemoriales aportando las respuestas que les pedimos con un toque fresco de inocencia, esa misma que los adultos vamos perdiendo al crecer en edad.

Tal vez es buen momento para cuestionarnos si debiéramos volver a mirar con los ojos de los niños, para apreciar las cosas con sencillez, vivir sin rodeos, caminar con el corazón abierto y disfrutar lo que la vida nos da, como lo hacen ellos, cuidemos darles un buen ejemplo.

"La mayoría de los niños oyen lo que dices, algunos niños incluso hacen lo que dices, pero todos los niños hacen lo que haces."
Katleen Casey Theisen - socióloga estadounidense

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