"Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños.”
Khalil Gibran -
poeta, pintor, novelista y ensayista libanés ( 1883 - 1931 )

miércoles, 2 de marzo de 2016

Mate - sello de identidad cultural

“La cultura es el ejercicio profundo de la identidad.” 
Julio Cortázar -  escritor, traductor e intelectual argentino nacido en Bélgica. Optó por la nacionalidad francesa en 1981 (1914-1984)

El mate es una infusión preparada con yerba mate, característica de algunos países latinoamericanos de la que se tiene conocimiento desde que los españoles llegaron a América allá por el 1500 cuando se encontraron con muchas cosas nuevas como la papa, el maíz, el tomate, la mandioca y la "yerba".

La primera referencia del uso aparece en el libro de Ruíz Díaz de Guzmán "Breve Historia de etapas de Cosquista" de 1612, donde se relatan las observacionres del Adelantado Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias) en 1592, quien señala que los indios –habitantes nativos-, llevaban junto a las armas, unas pequeñas bolsas de cuero "guayacas" en las que guardaban hojas de yerba mate triturada y tostada ‘caa-I’  que masticaban o colocaban en una calabaza llamada ‘caaiguá’, agregaban agua y sorbían ya sea usando sus dientes como filtro o por medio de un canuto de caña, de nombre ‘tacuapí’, y si bien en un primer momento estuvo prohibida por considerarla un vicio luego se constató que esas hojas ‘les daban mayor resistencia para las largas marchas o en las labores diarias.‘
 
La zona por excelencia de la Yerba Mate eran los territorios ocupados actualmente por parte de Paraguay y en las provincias argentinas de Corrientes y Misiones. Los españoles bebieron este brebaje en un recipiente denominado "Bernegal" utilizando un apartador en forma de cuchara con orificios, con el cual separaban el agua de las hojas, desconociendo que su origen era de un árbol, siendo aceptada como bebida estimulante, al igual que el té, cuando los personajes más importantes de la ciudad de Asunción la incorporaron a la dieta.

En sus Memoria del fuego I, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, nos relata la leyenda de la yerba mate.

"La luna se moría de ganas de pisar la tierra. Quería probar las frutas y bañarse en algún río.
Gracias a las nubes, pudo bajar. Desde la puesta del sol hasta el alba, las nubes cubrieron el cielo para que nadie advirtiera que la luna faltaba.

Fue una maravilla la noche en la tierra. La luna paseó por la selva del alto Paraná, conoció misteriosos aromas y sabores y nadó largamente en el río. Un viejo labrador la salvó dos veces. Cuando el jaguar iba a clavar sus dientes en el cuello de la luna, el viejo degolló a la fiera con su cuchillo; y cuando la luna tuvo hambre, la llevó a su casa. «Te ofrecemos nuestra pobreza», dijo la mujer del labrador, y le dio unas tortillas de maíz.

A la noche siguiente, desde el cielo, la luna se asomó a la casa de sus amigos. El viejo labrador había construido su choza en un claro de la selva, muy lejos de las aldeas. Allí vivía, como en un exilio, con su mujer y su hija.

La luna descubrió que en aquella casa no quedaba nada que comer. Para ella habían sido las últimas tortillas de maíz. Entonces iluminó el lugar con la mejor de sus luces y pidió a las nubes que dejasen caer, alrededor de la choza, una llovizna muy especial.

Al amanecer, en esa tierra habían brotado unos árboles desconocidos. Entre el verde oscuro de las hojas, asomaban las flores blancas.

Jamás murió la hija del viejo labrador. Ella es la dueña de la yerba mate y anda por el mundo ofreciéndola a los demás. La yerba mate despierta a los dormidos, corrige a los haraganes y hace hermanas a las gentes que no se conocen."

… …

Y aquella primitiva “yerba del demonio” cultivada en las Misiones jesuíticas, se transformó en el “benéfico té del Paraguay”, lo que en su origen fue estigmatizado pasó a formar parte de las costumbres criollas, cebar, recibir y devolver el mate suponía un ceremonial, lo que se acostumbraba a tomar en las mañanas y tardecitas actualmente se hace a toda hora, lo que se hacía en el ámbito hogareño hoy ha ganado la calle, la oficina, el local de enseñanza, la reunión política o sindical, somos materos itinerantes, como señala el antropólogo uruguayo Daniel Vidart‘ … El mate se va haciendo cada vez menos un ritual mágico/terapéutico como era para la población indígena y se vuelve cada vez más un ritual de sociabilidad, un ejercicio que reúne.'

Para quienes vivimos en tierras en que su uso es común, el mate es mucho más que una infusión, es una costumbre, un compartir con otros o con nosotros mismos en solitario. Es un ritual de conversaciones y silencios, un momento especial en el que no existen diferencias, ni opiniones encontradas, es respeto, compañía, hospitalidad y cercanía, es ser y saber estar, es dejar de lado diferencias, una forma de socializar, un sello de identidad cultural. 

Fuente: http://www.unesco.org.uy/shs/fileadmin/templates/shs/archivos/anuario2002/articulo_02.pdf

“La identidad de una nación se refleja menos en su política que en las historias que cuenta.”
Alberto Manguel -  escritor, traductor y editor argentino-canadiense contemporáneo
 

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