"Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños.”
Khalil Gibran -
poeta, pintor, novelista y ensayista libanés ( 1883 - 1931 )
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miércoles, 16 de marzo de 2016

Superar las decepciones - aprendizaje que transforma

"Todas las batallas en la vida sirven para enseñarnos algo inclusive aquellas que perdemos."
Paulo Coelho - escritor brasileño contemporáneo

Todos en algún momento nos hemos decepcionado, es un sentimiento que en la vida nos toca ante circunstancias diferentes, en ocasiones porque las expectativas puestas en algo tal vez superan la realidad, en otras cuando nos enfrentamos a proyectos que nos motivaban y se vienen abajo, en muchas situaciones porque confiábamos en quienes nos defraudan, los afectos no escapan y son un frecuente motivo de ese sentimiento que nos provoca tristeza, insatisfacción, rabia o impotencia, lo cierto es que el estado de ánimo cambia, nos sentimos dolidos, traicionados, nos encerramos en nosotros mismos, nos enojamos, ansiedad y desilusión nos invaden.

Pero no seremos nosotros los causantes de esas decepciones que nos afligen, al haber supuesto aquello de lo que no estamos seguros?, al haber fantaseado sobre lo que no conocemos en profundidad?, situaciones, circunstancias, personas en las que confiamos presumiendo lo que no era, y en ese camino nos llenamos de amargura, resentimiento, nos aislamos, perdemos la confianza y nos convencemos de nuestra infelicidad.

Muchas veces nosotros mismos vamos hacia la decepción al instalarnos en un lugar equivocado trasladando la confianza en nosotros, nuestras capacidades, habilidades hacia el imaginario que nosotros creamos, en el que depositamos expectativas que al fallar nos conmocionan provocando sentimientos desagradables, negativos, de los cuales, sin darnos cuenta, somos los únicos responsables.

A veces no podemos evitar caer en la tentación, colocamos esperanzas e ilusiones en lugares inadecuados y cuando la desilusión nos sorprende nos sentimos muy mal, lo importante es rescatar el aprendizaje que la decepción deje, una dura lección, que a pesar del amargo sabor de boca, tratemos de ver el medio vaso lleno para no repetir errores intentando minimizar posibles frustraciones en el futuro.

Sin embargo también existen situaciones en las que la decepción no es culpa nuestra sino de haber confiado en quien no es quien dice ser, que miente, que promete, que no cumple, y allí quedamos en el lugar de víctima. Sentirnos decepcionados nos hace perder la confianza en aquello en lo que confiábamos y también en nosotros. Hagamos un autoanálisis que nos permita salir de la situación que nos hiere, no nos quedemos en el lugar de víctima, tomemos conciencia para que no se repita.

Tengamos claro que la vida no siempre es como la planeamos, no siempre es justa, no todas las personas y por ende las situaciones que las involucran son honestas, no todas las personas pensarán y actuarán como nosotros quisiéramos, el dolor es parte de la vida, las situaciones cambian, los dolores en algún momento terminan y la felicidad no depende de los demás. Confiemos en nosotros aprendiendo a manejar las emociones utilizándolas a nuestro favor, tenemos que construir el presente y no el futuro.

imagen: Pietro Annigoni / retrato Juanita Forbes; 1955

"La confianza en uno mismo es el primer secreto del éxito ... la esencia del heroísmo."
Ralph Waldo Emerson - escritor, filósofo y poeta estadounidense (1803-1882)

martes, 15 de diciembre de 2015

Temores - ... un alerta de valor?

“Los peores embusteros son los propios temores.”
Rudyard Kipling  - Novelista británico (1865-1936)

Frente a situaciones nuevas, actividades que nunca hemos realizado antes, eventos desconocidos, es normal sentir una sensación indefinida , de inquietud extraña, que nos aprieta la garganta, nos pone nerviosos, o nos desacomoda el estómago, … que sabemos está relacionado a lo que deberemos hacer, que desconocemos si vamos a conseguir sortear adecuadamente, y nos produce una desagradable sensación de incomodidad, en la que está presente el temor.

Sabemos que no será tan difícil el desafío, sin embargo -aún sin motivos de peso-, no podemos evitar ese temor al cambio, a lo que no conocemos, o al resultado incierto que nos espera, ese estado de ánimo que parece nos disminuye frente a nosotros mismos, haciéndonos sentir que perdemos el control de la situación y por tanto inseguros, vulnerables.


Todos en algún momento nos sentimos así. pero la vida transcurre y -aunque nos disguste- tenemos que seguir adelante, -exceptuando aquellas personas que necesiten un apoyo profesional-, habremos de dejar de lado dudas, incertidumbres y temores, aprendiendo a aceptar nuestras limitaciones y a manejar los miedos fortaleciendo el carácter.

Partamos de la base de que todo lo que debamos vivir no tendrá la misma importancia en nuestra vida, por  lo tanto miremos en cada oportunidad que relevancia tiene lo que acontecerá y luego fijemos nuestra posición frente a ello. Observemos la situación,  poniéndonos en la posición de ver si no estamos exagerando, si lo que pueda suceder nos perjudicará tanto como para justificar el mal momento que estamos pasando, o estamos magnificando de manera infundada los miedos.

El temor puede ser un alerta de valor frente a posibles peligros, pero no caigamos en los extremos, exagerando ante los eventuales sucesos, investiguemos las causas que nos provocan el temor y nos daremos cuenta que nos estamos ahogando en un vaso de agua, por el contrario cambiemos el foco de atención, demos un giro a nuestros pensamientos y sobre todo, tengamos confianza en nuestros valores y capacidades, alejaremos los temores saliendo fortalecidos con la satisfacción de haberlo logrado.

"A cada día le bastan sus temores y no hay por que anticipar los de mañana." 
Charles Péguy - Escritor francés (1873-1914)
 

jueves, 3 de septiembre de 2015

Mentir - un mal hábito

“La mentira se desvanece, la verdad triunfa al fin y permanece.”
Helmuth von Moltke – Militar alemán (1800-1891)
 
Cuando los niños nos enseñan que mentir no está bien , todos nos consideramos personas sinceras, sin embargo es una práctica que existe desde que el mundo es mundo, y que encontramos en todos los estamentos sociales.

Desde el punto de vista filosófico, no es un defecto ni una virtud, sino un vicio , del que nadie escapa, en el que incurrimos sin pensar, en ocasiones para disimular un defecto o un error, en ocasiones para aparentar algo que no se es , muchas veces de manera consciente sabiendo que la realidad es diferente a lo que manifestamos, en definitiva un hecho que según la circunstancia en que suceda, o como y para que se utilice, puede ser interpretado como una picardía, una manía, un mal hábito , una habilidad, o un arte.

No siempre es posible ni conveniente la sinceridad y todos en alguna medida mentimos. Hay mentiras piadosas, compasivas, las hay necesarias, también malintencionadas y manipuladoras, aunque muchas veces no lo hagamos con intención de engañar, aunque sólo nos limitemos a ocultar una verdad, a sacarla de contexto o decirla a medias, aunque la timidez o la vergüenza sean el disparador, lo cierto es que no escapan a la condición de mentira, con la única diferencia, de que unas son socialmente mejor aceptadas.

La ética, es quien inhibe de decir una mentira, aunque no es el único freno, también influye el miedo a ser descubierto o el temor de sentirse involucrado en algo, considerado negativo. Y aunque paradójico, también nos mentimos a nosotros mismos, por evitar responsabilidades o no querer encarar situaciones determinadas, lo que -en algún momento- nos llevará a mentir a nuestro entorno.


Hay mentiras malévolas con clara intención de dañar, las hay para tratar de mostrar a los demás lo que no somos, las hay como parte de una estrategia, que en ocasiones terminan siendo una costumbre, un hábito erróneo, y se reiteran aún sin ser necesario . 

Suceden sin discriminación de edad, el niño miente en medio de sus fantasías, el joven cuando no puede enfrentar las cosas que le disgustan, el adulto cuando no consigue superar obstáculos y necesita sentir que ha triunfado, el anciano cuando no se perdona las equivocaciones cometidas a lo largo de su vida.

Saber cómo queremos relacionarnos en la sociedad, cuan confiables deseamos ser y la fragilidad de esa circunstancia en relación a nuestra forma de ser y hacer, serán las condicionantes que pautarán nuestra conducta y la verdad o mentira con que nos manejaremos en la vida. Es claro que la mentira estropeará la confianza en que se cimenta la vida de relación individual y de toda sociedad sana.

“El que dice una mentira no sabe que tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de ésta primera.” - Alexander Pope – poeta inglés (1688-1744)
 

martes, 3 de diciembre de 2013

Honestidad - juego limpio, integridad y transparencia


"Creo que debemos trabajar honestamente, porque sin una actitud honesta nada se puede realizar en el mundo".
Mao Tse-Tung - Político y estadista chino (1893-1976)

La honestidad, -y no hay que confundir con la simple honradez- es un valor indispensable para que las relaciones humanas se desenvuelvan en un ambiente de confianza y armonía, tal vez el valor más importante de la personalidad y que tiene la humanidad, pues se debe actuar honestamente con todas las personas del entorno para ser una persona íntegra, y sin embargo es una cualidad que se ha perdido a través del tiempo y del que hoy las personas ni siquiera tiene claro lo que significa, y mucho menos lo ponen en práctica.

No debemos olvidar que es fundamental la educación como base para inculcar desde pequeños estos valores que deben primero vivirse personalmente, antes de exigir que los demás cumplan con nuestras expectativas.

Es muy difícil ser honestos, exige coraje para decir siempre la verdad, y obrar en forma recta y clara. Muchas veces nos encontramos en situaciones difíciles en las que al final no nos conviene hablar con la verdad por miedo a salir perjudicados.

Ser honesto es ser una persona íntegra, leal, auténtica, que razona para con los demás como si  lo estuviera haciendo para si mismo, es ser decente, sincero, recatado, discreto, razonable, justo y honrado. Es cumplir con las obligaciones contraídas, es evitar la murmuración y juzgar, saber guardar las confidencias recibidas y ser cuidadoso y transparente en el manejo del dinero, así como aceptar los errores propios y sus consecuencias.

Cuando se está entre personas honestas cualquier proyecto humano se puede realizar, y la confianza colectiva se transforma en una fuerza de gran valor.

Si queremos ser honestos debemos conocernos más a nosotros mismos, expresando sin temor lo que sentimos o pensamos siempre, con respeto, sin perder de vista la verdad, cumpliendo las promesas, jugando limpio sin perjudicar a nadie sólo por un bienestar personal.

La honestidad, tiñe la vida de confianza, sinceridad y apertura, y expresa la disposición de vivir a la luz de la verdad, es una decisión que cada persona debe de tomar, que favorece sus valores éticos y morales. No es tan solo ser franco y honrado es también ser capaz de convencer a los demás para que sean honestos, es sembrar confianza en uno mismo y en quienes están en contacto con la persona honesta.

La familia y la escuela -tan en crisis últimamente- deben inculcar estos principios y práctica de valores que deben marcar para el futuro el rumbo de las personas, ya que el reflejo de estas cualidades hará de éste un mundo mejor.

Imagen : Harika Paylaşımlar

"Todos somos viajeros en este mundo yermo, y lo mejor que podemos encontrar en nuestro recorrido es un amigo honesto".
Roberto Louis Stevenson  - escritor escocés (1850-1894)

sábado, 16 de noviembre de 2013

La palabra - un valor en extinción ?

Porque por tus palabras habrás de ser justificado y por tus palabras serás condenado". 
Mateo: 12:37
 
La palabra como tal le da un significado a la existencia y nos define como  hombres

En los comienzos los hombres interactuaban tan solo con la palabra y ésta adquirió valor como promesa, juramento, compromiso, deber, pacto, convenio, solo ella sostenia reinos, alianzas, y regía el destino de los hombres. La palabra era la garantía más valiosa que cualquiera podía dar, e incumplir un acuerdo verbal era motivo de rechazo moral y social.

Los tratos se hacían desde la buena fe y la confianza en el otro. Así surgieron frases como: ¡te doy mi palabra! ¡palabra de honor!, etc.

Hemos olvidado el valor de la palabra, la que se dice y la que se calla, la que se da o la que se pide.

Para algunos no son más que sonidos que emergen de su boca; sin embargo, para otros representan el significado de su vida , honor, honra, y valor como seres humanos.

Este significado se ha ido perdiendo y la consecuencia es la pérdida de confianza.

La relación del ser humano se basa en solicitudes y promesas, a menor número de cumplimientos de promesas, menor confianza.

Hay palabras que dan vida y otras que matan, palabras que alaban y palabras que lapidan…, algunas encubren, manipulan y engañan. Las hay como libertad, igualdad, fraternidad, que son conceptos, otras como injusticia, pobreza, hambre, nos recuerdan lo que aún queda por hacer.

"La palabra de un hombre honesto es tan confiable como un Contrato.
La gente nos recordará por las promesas que hemos cumplido y por nuestra sinceridad, en especial cuando pudimos haber sacado provecho de no decir la verdad. El valor de la palabra es su mayor riqueza y la honestidad es su mayor virtud."
Santiago 5:12

Las palabras son parte de nuestro patrimonio, con ellas hemos contado cuentos, hemos nombrado objetos, hemos inventado nuevas, y la forma de usarlas y decirlas nos muestra como personas. Son pensamientos convertidos en acción, pueden distraer o engañar, pueden transformar el mundo.

 Los tiempos han cambiado y ahora lo que no está escrito y oficializado ante la ley prácticamente no existe, por ello debemos -convencidos de su importancia- tratar de defender y recuperar su valor, apelando al uso constructivo y adecuado, convirtiéndola en un asunto de supervivencia y dignidad

"Una palabra es suficiente para hacer o deshacer la fortuna de un hombre".
Sófocles -
poeta trágico de la Antigua Grecia. (496 AC-406 AC)