"Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños.”
Khalil Gibran -
poeta, pintor, novelista y ensayista libanés ( 1883 - 1931 )
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sábado, 27 de julio de 2024

Permisos esenciales - autorealización, éxito, felicidad

"Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?"
Arturo Graf - Escritor y poeta italiano (1848-1913).

"El camino de la autodependencia" es el primer libro de una serie de cuatro, donde Jorge Bucay nos propone, un punto de partida para alcanzar la autorrealización, el éxito, la felicidad, o como cada uno llame a aquello que constituye nuestro más grande. desafío.

Para muchas personas, la vida consiste simplemente en ir tirando, en sobrevivir, en salir lo más airosos posibles de los avatares del día a día. Existen, pero no viven.

Autodependiente significa ser auténticamente el que soy, actuar como actúo, sentir lo que siento, correr los riesgos que quiera correr y hacerme responsable de todo eso sin esperar que los otros se ocupen por mí. No permitir que los riesgos los corran otros por mi, ni correr riesgos que otros quieren que corra. 

Sin delegar responsabilidades, sabiendo que no incluye el derecho a que otro sea como yo quiero o siento ni que otro me pida permiso para tener lo que necesita. 

Estos cinco permisos esenciales extraídos del libro de Bucay condicionan nuestro ser persona. Y ser persona es el único camino para volverse autodependiente

1 .- Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar a que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.

2.- Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.

3.- Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que así me conviene.

4.- Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.

5.- Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me de el permiso para obtenerlo.
 

Algunos pensadores en la India  - Rajneesh o Krishnamurti - dicen que "...el ser humano es un dios en desarrollo, un fruto que aún no ha madurado, que cuando esté maduro va a ser un dios". Esta alegoría poética se puede entender como que “Cuando el hombre maduro será una persona”.

Vivo y aprendo, vivo y maduro, vivo y crezco. Y si soy una persona tengo que concederme a mí mismo la libertad de ser quien soy, aunque a muchos no les guste como soy; es probable que cuando otros descubran que soy el que soy —y que además me doy la libertad de serlo— se enojen conmigo. pero si no empezamos por este permiso, no hay posibilidades; nos quedaremos siendo individuos parecidos a muchos otros individuos que se sienten a sí mismos diferentes, pero que obedecen y pertenecen al grupo de aquellos que no se dan el derecho de ser quienes son; que intentan parecerse a los demás.

“Un sueño no se hace realidad a través de magia, conlleva sudor, determinación y trabajo duro”: 
Colin Powell - militar, diplomático y político norteamericano (1937-2021)


miércoles, 5 de junio de 2024

Como engranajes ... - buscando nuestro lugar ...

"Así es -suspiró el coronel-, La vida es la cosa mejor que se ha inventado."
Gabriel García Márquez - escritor colombiano Nobel de Literatura 1982 (1927-2014)

Estamos en este mundo y tenemos una vida por vivir, sin embargo en ocasiones nos toca enfrentarnos a eventos que nos hacen cuestionarnos para que vivir. Es que estamos en el lugar equivocado?, … es que no es nuestro momento?, … es que las situaciones negativas o dolorosas, sólo nos toca a nosotros vivirlas?, … tal vez no estamos adecuadamente preparados? … y ante esto nos deprimimos, nos sentimos castigados, creemos ser víctimas de una vida que nos resulta injusta, en la que sólo encontramos sinsabores, fracasos, tristezas.

Tal vez vivir en una sociedad de consumo nos ha acostumbrado a tener muchas cosas, y a recibir cada vez más, eso sumado a nuestras ansias de ser felices asegurando nuestro espacio vital de una forma individualista, nos hacen creer que es un derecho adquirido del que nos sentimos despojados cuando vivimos situaciones que nos superan y creemos estar sobrando en este mundo, en el que no encontramos nuestro lugar.  

“Llegar a la cima y seguir subiendo: el sexto camino” es un libro de Jorge Bucay, Lo importante no es la calidad literaria del texto, sino el contenido a modo de relato sencillo, que lleva a pensar logrando un resultado terapéutico. aquí les dejo un breve fragmento para reflexionar.

"El hombre es un engranaje que forma parte de un todo mucho mayor que lo contiene.
Puede que seas el engranaje más sencillo en la máquina más compleja del mundo, pero estás allí y tienes tu responsabilidad.
Cada uno de los seres humanos tiene un lugar y un papel en este todo global que es el planeta y en este enorme grupo que es la humanidad.
Nosotros somos como las piezas de un coche: todos tenemos una finalidad y un sentido. y ninguno está de sobra.”
… …

Sin importar lo que nos toque vivir, ni que lugar nos tenga asignado la vida en nuestro paso por este mundo, debemos tener claro que somos parte de un todo y la sabiduría del universo nos ha privilegiado colocándonos aquí y ahora. Nunca estaremos sobrando, todos tenemos una finalidad, un sentido, un lugar, sólo debemos descubrirlo y aceptarlo, manteniendo intacta la ilusión de vivir. 

Imagen: Igor Morsky

"Volví a sentir unas inmensas ganas de vivir cuando descubrí que el sentido de mi vida era el que yo le quisiera dar."
Paulo Coelho - escritor brasilero contemporáneo
 

lunes, 16 de enero de 2017

Apegos e indecisiones - ... cuando decidir se impone

"No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí, su propio camino."
William Shakespeare - escritor británico (1564-1616)

Todos tenemos apegos difíciles de superar y sin darnos cuenta vivimos con miedos que nos inmovilizan haciendo que perdamos oportunidades, miedo al dolor, miedo a los cambios, miedo a no saber, miedo a arriesgar, y así vamos llevando la vida sin vivirla.

En su libro ‘El camino de la espiritualidad’ - Llegar a la cima y seguir subiendo, del psicólogo, terapeuta y escritor argentino Jorge Bucay, y refiriéndose a como enfrentar el crecimiento personal incluye un relato llamado ‘Diálogo entre hermanos’, que según él mismo señala le fue acercado por un paciente, y que resulta movilizador leer para ayudarnos a pensar.



"- No puedo más. Me falta oxígeno, ni siquiera me puedo mover.
-Debes resistir. Esto pasará.
-No lo creo, hermano. Todo ha ido empeorando en las últimas horas. Las paredes tiemblan y alrededor todo se deteriora rápidamente.
- Lo sé, pero éste lugar es nuestra única posibilidad. Tienes que aguantar.
- Es que no puedo seguir así. Creo que será mejor que me deje llevar por la corriente.
- No lo hagas hermano. Si te sueltas serás arrastrado hacia el agujero que conduce a la muerte y la destrucción. Vamos esfuérzate un poco más.
- Ya lo he decidido, no voy  quedarme aquí esperando la muerte. Quizá si me suelto, haya otra posibilidad. Ni siquiera sabemos que hay del otro lado.
- ¿Otra posibilidad? ¿De que hablas? ¿Que comerás? ¿Cómo te cuidarás de los golpes? ¿Y el frío y el calor? Es una locura, vamos aférrate a mi.
-No. Basta ya.
Y dicho esto el más pequeño se soltó de su amarra y fue arrastrado hacia abajo, hacia el negro agujero de lo desconocido.
Su hermano lo miró desaparecer con angustia y creyó escuchar, unos segundos después el llanto desesperado de su hermano del otro lado del agujero.
''Pobre -pensó-, una muerte horrible ...''
Afuera su hermano lloraba hinchando sus pulmones de aire fresco.
Había nacido."
... ...
Nadie duda que cada persona tiene una forma de ser, un carácter que le hace particular, único, sin embargo existen circunstancias en las que uno siente que ha llegado al límite, que es insostenible seguir como estamos y es impostergable una decisión que provoque ese cambio necesario, saliendo de la inmovilidad, permitiéndonos nacer a nuevas oportunidades de vivir plenamente, aún sabiendo que los resultados pueden ser diferentes a los esperados, por lo que el cambio implicará incertidumbres y miedos.

"Si de veras indagamos las razones de por qué no nos desprendemos de algo, sólo encontramos dos, apego al pasado o ansiedad por el futuro."
Marie Kondo - escritora japonesa contemporánea

sábado, 2 de mayo de 2015

Estar completos - "El circulo del 99", una leyenda para reflexionar

"Conviene reír sin esperar a ser dichoso, no sea que nos sorprenda la muerte sin haber reído."
Jean de la Bruyere -
escritor y moralista francés (1645-1696)

El ser humano es naturalmente un individuo desconforme que no está satisfecho con lo que tiene y siempre ansía algo más, pero cuando lo obtiene vuelve a su estado de insatisfacción. Cuantos veces nos hemos dejado llevar y así nos sentimos a través de los años y lo que en una primera apreciación podríamos considerar un justo y positivo anhelo de crecimiento termina siendo un camino interminable de frustracción que no sólo involucra la obtención de bienes materiales sino tambien el lugar a ocupar en la sociedad o el reconocimiento que no nos llega y creemos merecer.

Hay una leyenda que forma parte del "Tao Los Tres Tesoros" de Shree Rajneesh Bhagwan-Osho  y basado en ella un cuento de Jorge Bucay incluido en su libro "Recuentos para Demian": "El circulo del 99" que les quiero compartir que es muy claro al respecto, y aunque algo extenso vale la pena leer.

El círculo del 99

Un rey muy triste tenía un sirviente que se mostraba siempre pleno y feliz. Todas las mañanas, cuando le llevaba el desayuno, lo despertaba tarareando alegres canciones de juglares. Siempre había una sonrisa en su cara, y su actitud hacia la vida era serena y alegre. Un día el rey lo mandó llamar y le preguntó: — Paje, ¿cuál es el secreto? — ¿Qué secreto, Majestad? — ¿Cuál es el secreto de tu alegría? — No hay ningún secreto, Alteza. — No me mientas. He mandado cortar cabezas por ofensas menores que una mentira. — Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atendiéndole. Tengo a mi esposa y a mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, estamos vestidos y alimentados, y además Su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas que nos permiten darnos pequeños gustos. ¿Cómo no estar feliz? — Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar —dijo el rey—. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado. El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba furioso, no conseguía explicarse cómo el paje vivía feliz así, vistiendo ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le preguntó: — ¿Por qué él es feliz? — Majestad, lo que sucede es que él está por fuera del círculo. — ¿Fuera del círculo? ¿Y eso es lo que lo hace feliz? — No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz. — A ver si entiendo: ¿estar en el círculo lo hace infeliz? ¿Y cómo salió de él? — Es que nunca entró. —¿Qué círculo es ese? —El círculo del noventa y nueve. —Verdaderamente, no entiendo nada. —La única manera para que entendiera sería mostrárselo con hechos. ¿Cómo? Haciendo entrar al paje en el círculo. Pero, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo. Si le damos la oportunidad, entrará por sí mismo. — ¿Pero no se dará cuenta de que eso es su infelicidad? —Sí se dará cuenta, pero no lo podrá evitar. — ¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos lo hará? —Tal cual, Majestad. Si usted está dispuesto a perder un excelente sirviente para entender la estructura del círculo, lo haremos. Esta noche pasaré a buscarlo. Debe tener preparada una bolsa de cuero con noventa y nueve monedas de oro.

 
Así fue. El sabio fue a buscar al rey y juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. El sabio guardó en la bolsa un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no le cuentes a nadie cómo lo encontraste”. Cuando el paje salió por la mañana, el sabio y el rey lo estaban espiando. El sirviente leyó la nota, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció. La apretó contra el pecho, miró hacia todos lados y cerró la puerta. El rey y el sabio se acercaron a la ventana para ver la escena. El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa, dejando sólo una vela, y había vaciado el contenido de la bolsa. Sus ojos no podían creer lo que veían: ¡una montaña de monedas de oro! El paje las tocaba, las amontonaba y las alumbraba con la vela. Las juntaba y desparramaba, jugaba con ellas... Así, empezó a hacer pilas de diez monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres, cuatro, cinco pilas de diez... hasta que formó la última pila: ¡nueve monedas! Su mirada recorrió la mesa primero, luego el piso y finalmente la bolsa. “No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja. “Me robaron —gritó—, me robaron, ¡malditos!” Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas. Corrió los muebles, pero no encontró nada. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había noventa y nueve monedas de oro. “Es mucho dinero —pensó—, pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo. Cien es un número completo, pero noventa y nueve no”. El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, tenía el ceño fruncido y los rasgos tensos, los ojos se veían pequeños y la boca mostraba un horrible rictus. El sirviente guardó las monedas y, mirando para todos lados con el fin de cerciorarse de que nadie lo viera, escondió la bolsa entre la leña. Tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar para comprar su moneda número cien? Hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla; después, quizás no necesitaría trabajar más. Con cien monedas de oro un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas de oro se puede vivir tranquilo. Si trabajaba y ahorraba, en once o doce años juntaría lo necesario. Hizo cuentas: sumando su salario y el de su esposa, reuniría el dinero en siete años. ¡Era demasiado tiempo! Pero, ¿para qué tanta ropa de invierno?, ¿para qué más de un par de zapatos? En cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien. El rey y el sabio volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del noventa y nueve. Durante los meses siguientes, continuó con sus planes de ahorro. Una mañana entró a la alcoba real golpeando las puertas y refunfuñando. — ¿Qué te pasa? - le preguntó el rey de buen modo. — Nada —contestó el otro. — No hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo. — Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría Su Alteza, que fuera también su bufón y juglar? No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.
... ...

Pensemos seriamente cuantas veces sentimos que lo que tenemos no es suficiente y que si no logramos completar lo que ansiamos no podemos sentirnos satisfechos y felices. Así nos han educado, y en esa carrera vivimos postergando lo más importante, nos angustiamos o nos resignamos y el momento de ser felices es sólo un punto lejano que mientras no alcanzamos nos impide disfrutar de lo que tenemos.


Cuanto más saludable sería pensar que lo que la vida nos da es el 100% necesario, evitando terminar como el sirviente de la historia, en la búqueda de "estar completos". Vivamos cada momento con lo que se tiene sin pensar en lo que no se tiene.

"No vivimos nunca, sino que esperamos vivir; y disponiéndonos siempre a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca."

Blaise Pascal - matemático, físico, filósofo y escritor francés (1623-1662)
 

sábado, 14 de febrero de 2015

El poder del amor - "Ilusión" un breve cuento

"El hombre tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que lo sostiene."
Blaise Pascal -Científico, filósofo y escritor francés  (1623-1662)


El amor, ese sentimiento que todo lo puede, todo lo transforma, da fuerzas cuando sentimos que llegamos al límite, por amor podemos hacer las cosas más descabelladas, nos hace valientes aún cuando podamos sentir miedo, por amor podemos entregar nuestro bien más preciado, da sentido a la vida, nos hace mejores personas, nos da una visión mejor de aquello que amamos, por amor podemos renunciar a lo que deseamos.

Les dejo un brevísimo cuento de Jorge Bucay, publicado en "Cartas para Claudia" en 1982 y republicado en su libro "Cuentos para pensar" en 1997, disfrutable y muy gráfico sobre el amor y la ilusión.

Ilusión


Había una vez un campesino gordo y feo
que se había enamorado (¿cómo no?)
de una princesa hermosa y rubia…
Un día, la princesa – vaya usted a saber por qué –
dio un beso al feo y gordo campesino…
y, mágicamente, éste se transformó
en un esbelto y apuesto príncipe.

Por lo menos, así lo veía ella…
Por lo menos, así se sentía él… 

... ...

Es claro que el amor nos hace ver belleza donde -algunas veces- no la hay y por amor aceptamos a quien amamos aún con sus defectos, da ilusión a la vida iluminando nuestro interior, es mágico y liberador.


Tal vez ésta sea una mirada un tanto exagerada  y simplista, seguramente enfrentados a la situación  tomaríamos en cuenta algunas otras consideraciones, pero es un buen punto de partida para reflexionar sobre el amor, como influye en nuestras vidas, cuáles son nuestros límites y hasta donde estamos dispuestos a llegar, considerando que de ello depende nuestra felicidad.

Como lo dice Bucay "... amar es regocijarse con la existencia del otro", "... mientras la pasión disminuye, debajo de ella crece el sentimiento" y "... amar es saber y aceptar que en el trancurso del tiempo se cambia intensidad por profundidad".

Imagen: Leopold Gottlieb - Los amantes

"Un loco enamorado sería capaz de hacer fuegos artificiales con el sol, la luna y las estrellas, para recuperar a su amada."
Goethe - Poeta y dramaturgo alemán (1749-1832)

 

sábado, 9 de agosto de 2014

Conquistando la libertad - Jorge Bucay, "La cárcel imaginaria"

"El miedo es el más ignorante, el más injurioso y el más cruel de los consejeros."
Edmund Burke - escritor y político británico (1729-1797) 

Del libro "De la ignorancia a la sabiduría: El camino de Shimriti", del psicoterapeuta argentino Jorge Bucay es el cuento "La cárcel imaginaria". Un particular libro en el que el autor reconoció haber utilizado partes del libro de la doctora en filosofía Mónica Cavallé Cruz, sin su consentimiento y que luego de las disculpas públicas fue retirado de la venta.

La libertad es un deseo ineludible de todo ser humano que no está incorporado sino que se debe conquistar y así lo plantea el autor mediante el uso de cuentos como poderosa herramiento de motivación, esclarecimiento de ideas y sugerencia de conductas a seguir.

"La cárcel imaginaria" que comparto aquí, nos lleva a plantearnos que nacemos y somos ignorantes prisioneros de nosotros mismos y de la sociedad.

La cárcel imaginaria

"Mucha gente cree que es característico del sabio escapar de la sociedad, huir a la montaña, refugiarse en la cueva. El verdadero sabio nunca escapa de la sociedad, más bien se aleja, en un intento siempre doloroso, de renunciar a su identidad.

Durante miles de años hombres y mujeres hemos vivido presos, y a nuestras prisiones le hemos puesto bellos nombres: las llamamos templos, religiones, partidos políticos, ideologías, cultura, civilización, escuelas de psicoterapia, empresa exitosa, fama, poder, honores.

Por hermoso que sea el nombre de la prisión y por bien que se viva en tu cárcel, tú sabes que estás preso, porque quienquiera que viva conforme a una idea que lo condiciona es su prisionero.

Aunque tu celda sea de primera clase, aunque el patio sea tan grande que tus ojos no lleguen a ver los muros, aunque la atención en la prisión sea de cinco estrellas, aunque te prometan permisos de salida cada vez más frecuentes, aunque las cadenas sean transparentes y no pesen demasiado comparándolas con las de otros, aunque sea una prisión que aparentemente tú elegiste, aunque compartas la celda con aquellos a los que más quieres …

Aunque tú no quieras saberlo… Estás preso.

Nunca entraste en la prisión. Naciste allí y te ordenaron quedarte cuando todavía no eras consciente (y posiblemente aún no lo seas del todo).

Te condicionaron para que estudiaras, trabajaras, te enamoraras y casaras dentro de la cárcel.
Te entrenaron y te hipnotizaron para que no pudieras ver los barrotes.
Te condicionaron para que creyeras que solamente allí estarías protegido.
Te dijeron que después de todo era lo mejor a lo que podías aspirar.

El día que te enteres de dónde estás, e intentes decirlo en voz alta, los otros, tus compañeros de prisión, te dirán que es mentira. Y te dirán que la verdadera cárcel está fuera de esos muros. Y llorarán al cielo echando maldiciones para todos los que han intentado mostrarte otra verdad.

Y te dirán que la libertad no existe y que fuera está el infierno.
Te mostrarán que allí dentro puedes realmente tener todo lo que desees (menos libertad, claro). Tratarán de seducirte con premios y aplausos para que quieras quedarte.
Te ofrecerán dinero, sexo y lujos, condiciones “especiales” porque (te dirán) tú eres especial.
Y para impedir que te vayas, te amenazarán con castigo y tortura si no aceptas su oferta.
Y, si de todas maneras te vas, quiero que sepas que… saldrán a buscarte.

Porque tú eres una amenaza.

Vendrán por ti para llevarte de regreso o para mostrar tu cadáver a todos y demostrar con eso que la vida fuera es imposible.

Pero no desesperes, no te asustes … Una vez libre, si tú no quieres, nadie puede encerrarte."
... ...

Generalmente no nos damos cuenta y creamos nuestra propia cárcel, nos atrapan los miedos, los prejuicios, y lo impuesto por la sociedad. quien se atreve a darse cuenta que los barrotes no existen está en el camino de encontrar su libertad.

Tratemos de lograrlo.

Imagen: Mariana Palova; artista

"Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo"
Franz Grillparzer - Dramaturgo austriaco
(1791-1872)