En las relaciones humanas, cuando apreciamos a alguien volcamos sobre esa persona nuestras expectativas, creyendo reconocer virtudes o talentos especiales cuando en realidad no son más que nuestra propia idealización del vínculo.
El escritor húngaro Sándor Márai en su novela "La mujer justa" dice:
'Un día desperté, me incorporé en la cama y sonreí. Ya no sentía dolor. Y de golpe comprendí que la persona justa no existe. Ni en el cielo ni en la tierra, ni en ningún otro lugar. Simplemente hay personas, y en cada una hay una pizca de la persona justa, pero ninguna tiene todo lo que esperamos y deseamos. Ninguna reúne todos los requisitos, no existe esa figura única, particular, maravillosa, insustituible, que nos hará felices. Sólo hay personas. Y en cada una hay siempre un poco de todo, es a la vez escoria y un rayo de luz ...'
... y allí surge el desengaño, el sentimiento de pérdida, cuando sólo se trata de la realidad dando por tierra con una ilusión.
Nota: ya publicado en mi perfil de facebook el 06.11.25: https://www.facebook.com/photo?fbid=10239102330167247&set=a.1279846366863
'En un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces.' - John H. Newman, cardenal y escritor británico (1801-1890)

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